Escribir como acto de libertad

Lo bueno de escribir siempre ha sido desabotonar la mente, pensar(se) en voz alta, rebobinar recuerdos y dejarse seducir ante la idea de la entrega. Sí, esa entrega que presuponemos ocurre cuando queda mucha tinta y un cuaderno en blanco. Me atrae la sensación de cada curva de la pluma. De alguna manera siento que con ellas el alma encabulla y vuelve y tira. Va y viene, y en cada regreso trae una muestra de mi, un pedazo del mundo, un atisbo inédito con el que acariciar la vida. Esa que viste al ser de experiencias y, solo en cultivadas ocasiones, le permite desvestirse ante ríos turbios, sedimentados, voluntariosos e impredecibles. Ríos que no respetan el sueño o bien los canales de domesticación que pretenden encauzarle un camino, un rumbo, una trayectoria. Escribir es mi río y mi vida es su cauce. Por veces muy suyo y por otras de este Pueblo. 

Cuando un vestido se desabotona, las posibilidades son infinitas. Supongo lo mismo ocurre con la mente, el intelecto, nuestra máquina de ideas. Verla desnuda impresiona, cautiva, impacienta. ¡Ah, pero verla vestida!… ¿vestida, cruzada de brazos, silente, ida…? ¿Ida llevándose sus regresos, tragándose las curvas y sudando la ansiedad de preservar el decoro? Me resisto. Escribir emancipa. Libera que lo primero que haces es otorgarle vida a una extremidad cuya zona de confort es hacerse la muerta.

Del cáncer y sus trincheras

A mis amigos y amigas que están batallando el cáncer y a todas esas personas especiales que les acompañan. He visto que una de las luchas más feroces se libra contra la “pena”, tanto de quien no la desea como de quien intenta por todos los medios evitar que el gesto sea concebido como eso, pena. Un mensaje para ambos.

A quien le irrita la pena:

Observa bien el gesto de quien ante ti actúa, descifra qué le mueve a estar ahí; si le lleva a tu lado la irremediable lástima o un sentimiento mucho más complejo que ha implicado reflexionar una diversidad de cosas vividas entre ambos que solo ahora, cuando no dan tu presencia por garantizada, no son más que estupideces. La persona ante ti probablemente sufra, pero no sólo por ti, sino por si misma. ¡A que no te esperabas esa! Que además de estar peleando con una amenaza tan grande en tu cuerpo, también tendrías que aprender a amar la sencillez de saberte acompañado por una persona imperfecta.

A quien no sabe cómo acercarse sin que se reduzca a sentir lástima:

Ofrece tu honestidad. Encuentra las palabras o las acciones que mejor demuestren que lo que es visto como pena, viene de un taco mucho mas profundo en tu garganta. Esa peliculita de vida a la que no paras de darle pa’ lante y pa’ tras, buscando cómo no sentir tanto dolor. ¡Tampoco te esperabas esa! Sentirte tan desvestida/o  en un cuerpo relativamente saludable. Probablemente asumas que no es momento de ser vulnerable, sobretodo cuando entiendes que a la otra persona le urge tu fortaleza. No te engañes, a estas alturas esa otra persona está más familiarizada con las contradicciones de la vida de lo que imaginas. Sin duda matará horas conociendo una versión más transparente de ti. 

En mis observaciones y conversaciones he visto que para ambos, por separado, hace total sentido lo que estoy expresando. Cada uno consigue manejárselas, sea para vestirse de majadería o de impuesta abnegación. Sin embargo, esquivan al conocimiento mutuo, las altas y bajas de cada una de sus trincheras. Y así pasan las horas y los días entre silencios incómodos, tratamientos insufriblemente largos y tediosos, tristezas y rebeldías a cuenta gotas.

Por más cansados que estén, sáquenle las garras a cada resignación silente. No hay porqué desperdiciar semejante circunstancia de aprendizaje juntos, si se atreven.

Lágrimas y Orgasmos

Amar y escribir, dos verbos esporádicos, insaciables, sorpresivos.

Me ha sorprendido el amor en algunas vueltas de esquina, sin tregua, inédito, irrepetible. Casi siempre ahogado en su propia sed de vulnerar almas, de inflarlas, despojar harapos y estrenarle brillos, faenas y apetitos.  Escribir, en cambio se perfila frecuente, domable y previsible. Casi siempre  explícito en su propia intención de desmaquillar el alma, desinflar los apegos, censurar la irracionalidad y acrecentarle sensatez, recreación y porqué no, picardía.

Sucede que cuando se ha descubierto un amor, cuando la mirada no encuentra escapatoria, la inflación es acompañada y los harapos se han caídos solos, una nueva oportunidad se presenta. En cada respiración dilatada, calurosa y húmeda, el amor persiste en hacerse un verbo, insaciable y sorpresivo. En cada vaivén de caderas se acerca ese extraño despegue momentáneo que marca la diferencia entre sentirse enamorada y ver ejercitado el derecho del cuerpo a trascender.

Brota un gemido, un sollozo y se descarga una lágrima, luego varias. Vienen del más allá, de la Isla remota de las almas abiertas, de los rastros de harapos incrustados en la piel que consiguen hacerse diminutos, del apego mutuo confesado silenciosamente, de la razón muda.

Amar y escribir, verbos inquietos, fértiles y  consecuentes. Verbos que encontraron como puente un orgasmo relámpago en la madrugada.

 

Bonanza

Llámese a esa aspiración que hace del corazón un globo en este nuevo año.

Este escrito me lo pidió un huésped del corazón. “Se nota que escribes”-decía. “Aprópiate de la bonanza, pues es mi palabra para el 2016”-remató.

De antemano les confieso que la palabra me genera sentimientos encontrados, pero prefiero expresarles mi opinión sin ánimo de ser tediosa y mis mejores deseos, pues está de moda en estos días y no con todas las modas estoy en contra.

Titubeé un par de veces y acepté responderle. Adelanto que no acostumbro a listar resoluciones, no de las que implican pedirle al universo o a algún dios con poco trabajo por hacer,   abundancia económica, éxito laboral, triunfo académico, perfecta salud o una conquista amorosa.

Siempre las he asumido como fruto de mi sudor o del azar. Sin embargo, como buena anfitriona simpaticé con la petición. Disfruto ver a la gente con ilusiones simples, metas enormes, proyectos complejos y porqué no,  también con arrolladoras intenciones de ser feliz. Quién soy yo para desinflar aquello que el corazón de otro se ha propuesto, sobre todo cuando resulta inofensivo.

Asumí mi complicidad y por supuesto, cargué el concepto con mi propio bagaje. Después de todo, la licencia poética fue irremediablemente pre concedida y el  hecho de que no tenga abundantes resoluciones personales no significa que no tenga algo que decir sobre aquellas resoluciones de los demás. En específico, aquellas que se dirigen a la bonanza como un deseo resumido de todas las peticiones que un alma puede cargar ante lo que considera una nueva oportunidad.

Querido huésped:                                                                                                                                                       Hoy te digo que tu petición me sorprendió. Aún con la cantidad de cosas maravillosas que el pasado año nos trajo, no son pocas las noticias tristes con las que nuestro país despidió el 2015. Tampoco pocas las familias que extrañaron a más de un miembro en esta temporada. Y mucho menos los remiendos que cientos de maestros como tú tendrán que hacer mañana en sus salones para continuar con su trabajo de la forma más digna posible. Todo parece desinflarse, excepto tu voluntad.

En tiempos en que las maletas son vendidas al por mayor y muchos de tus alumnos respiran con tedio la realidad que tenemos de frente, parecería que no hay cabida para la esperanza. “Apaga y vámonos” es la orden del día. Todo indica que las ganas de sentir un mundo que se desviva por el bienestar común, es decir las ganar de vivir en un mundo transformado han desaparecido. Parece que ese deseo será pospuesto de la misma manera en que se pospone el lograr un cuerpo esbelto con una dieta estricta que siempre habrá de comenzarse el próximo lunes. El día a día parece un broma de mal gusto. Sin embargo, puedo percibir que cuando dices bonanza, te refieres a otro tipo de escenarios.

A lo mejor algunos digan, “bájale dos, concentrémonos en su deseo”. Y algunas personas pensarán qué tiene que ver el país con la dieta o el curso del mundo con la bonanza. Para mí, señoras y señores, que fue a quien le pidieron la opinión, tiene todo que ver. No hay forma de lograr un resultado sin mostrar algún tipo de esfuerzo, como tampoco hay forma de sentir plenitud individual sin que las personas que impactan nuestras vidas la disfruten por igual. Por algo se dirá que somos seres sociales, o ¿es que lo reconocemos solamente cuando nos conviene? Aquí no vale hacerse el chivo loco, que son muy pocas las familias o grupos con resoluciones conjuntas o colectivas. Ah, pero si le preguntas a José, Juana o María, cada cual tiene un listón.

Querido huésped, si te parece que me apasiono con este tema habrás hecho una más de tus infalibles observaciones. Te confieso que no puedo ni quiero evitarlo. La pasión es para un motor cotidiano. No obstante, si me he sentido un poco desanimada en estas fiestas no es porque no tenga aspiraciones para el año acabamos de recibir. Muchas noches de esta temporada las pasé sola, otras las pasé reflexionando las tristezas del alma, otras en compañía de las amistades, algunas cenando con seres amados  y otras en el hospital con mis familiares. Como vez no fue una temporada fácil y mucho menos productiva, sino forzosamente relajada. Aún así, conservo la voluntad y espero poder acompañar cada una de tus bonanzas. De la misma forma, te invito a acompañar las mías. Te aconsejo te pongas las botas, pues este año promete.

Mi bonanza se alimenta de pasión, de pasión por luchar para que quienes poblamos esta Isla podamos pensar críticamente en su mejor porvenir. Que podamos arriesgarlo todo, principalmente nuestra propia comodidad, por una educación liberadora de la que cada día aprendamos cómo construir colectivamente nuestro futuro con autodeterminación. Como imaginas, es una bonanza cargada de voluntad, pues la forma en que nos hemos criado, asumiendo el mundo y la historia como dada, nos impide confiar en que podemos escribir nuevos capítulos o que seremos capaces de afrontar retos de los que otros ya han salido victoriosos y cuya historia nos ha sido negada. En todas estas aventuras, con sus implicaciones y consecuencias, te acompaño en el deseo de una bonanza amorosa, pues merecemos ser acompañados. Es hora de despojarnos de todas esas distracciones que hacen de la vida un bombardeo de información en el que perdemos la conexión.

Este último párrafo va exclusivamente para ti. Espero que este año tu bonanza sea cuanto esperas, pero sobre todo que sea mucho más que eso. Que sea un año de luz y que no te falte el amor. Que cada intención cuente y que tu vocación retribuya cada uno de tus pesares. Que la música que traiga a la vida cuando vagues en las sombras y que siempre haya un silencio para recobrar tu andar. Claro, en la bonanza habrá todo lo que deseas y también lo que le acompaña.Que las cosas no vayan a la prisa y que sepas hacer espacio para las pausas. Nada en la naturaleza florece todo el año, por lo que deseo para ti sabiduría y paciencia en iguales dosis de abundancia. Como el azar será un factor, te pido no olvides en tu bonanza, regar el jardín de los demás. Finalmente, que tu bonanza y la mía juntas se multipliquen en complicidad para cada capítulo de este año y que al despedirlo podamos releer estos 12 párrafos, cada uno con una línea más que el anterior. Así es para mi la bonanza, puede implicar “más”, como también “mejor”.

Una híbrida y una caja fueron al campo un día…

El recuerdo más reciente que tengo de mi fascinación por una caja, se remonta a dos momentos específicos en mi vida; el primero de ellos fue cuando tenía tal vez unos tres años y junto a mi hermano decidí hacer a un lado los juguetes convencionales para descuartizar aquella cajota que trajo mi padre de su trabajo. El segundo recuerdo se remonta a la huelga de la universidad de Puerto Rico en el 2010, cuando una caja fue la mejor forma de evitar que la computadora que estábamos usando para la transmisión radial al aire libre de Radio Huelga, no se friera con el el Sol. Sirvan estos mini cuentos para ejemplificar que mi relación con las cajas siempre ha sido de lejitos y fuera de ellas. Mi formación y las formas en las que decido vivir la vida, replican este proceso; de cerrada, cuadrada e inflexible, no ha tenido un pelo.

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Me encuentro repensando mi vida más de lo que quisiera muchas veces. Este proceso se detona cuando conozco personas que me preguntan por mi vida y no sé por dónde empezar. No se trata de que considere llevar una vida extravagante, aunque es de todo menos ordinaria o pasiva. Sino que siento tantas pasiones diversas e intereses, que intento seleccionar aquello que compartiré de forma que ambos podamos beneficiarnos de lo que podamos conocer en un espacio de tiempo breve; es el costo que tiene llevar una vida agitada. Detesto quienes me hablan de un millón de cosas, como también detesto hablar de un cúmulo de cosas sin sentido u objetivo. No. Prefiero maximizar cada conversación, profundizarla y no dejar de aprender nunca. Para eso, hay que saber y poder escuchar, lo que trae un balance a la participación que podemos tener en cada oportunidad para compartir experiencias. Por este motivo, digo lo que se pueda aunque con toda la intensidad del mundo. Tal vez por eso, un brasileño que conocí recientemente me dijo que yo era una mujer de esas que “mataba un león por día”. Supongo que lo que estaba detrás de su metáfora era un exceso de tiempo y de historias compartidas.

En realidad, aunque usualmente tengo muchas energías, disfruto mucho la calma. Es en esos momentos de paz donde disfruto planificar lo próximo, ponerme nuevas metas, reutilizar aprendizajes que he puesto en pausa, investigar nuevos ángulos, buscar nuevas oportunidades de aprendizaje o simplemente comerme un helado. Habiendo recorrido formalmente el campo de las comunicaciones, las artes gráficas, la administración de empresas, la contabilidad, el cooperativismo, la geografía, el género, lo político, el trabajo de base, la educación popular, el trabajo social y el mundo de las agencias de viajes, no son muchos los minutos en los que la mente reposa. Creo que nunca pensé que sólo sería una cosa en la vida, circunscrita al ideal de alguien, mono-temática, inflexible, monolingüe, estática. Disfruto la calma precisamente porque tengo una gran dosis de actividad que me impide lo contrario. Aborrezco cuando me preguntan si pienso parar alguna día, ni que fuera un tren con estaciones marcadas, “próxima parada: Tu voluntad”. No. No tengo que parar, nadie nació para tener que hacerlo aunque puede hacerlo quien se lo proponga; en lo que a mi respecta no preveo dejar de tener esa sed, esa alegría con la vida, esa disposición para luchar, ese entusiasmo con crecer, esa pasión por contar con más y mejores destrezas o esas ganas de que el mundo me siga hablando desde distintas latitudes.

Agradecería tampoco se me asocie con la figura de una peregrina con una misión sobrenatural o extra-terrenal en la vida. Es la forma menos hiriente en la que puedo decirlo, sólo porque me gusta cuidar de los sentimientos de l@s demás. Sí, hay un mundo en mi cabeza por el que sólo podemos trabajar y disfrutar en ESTA Tierra. Y aunque mi papá reconozca que no me puedo estar quieta- y que de seguro estaré en el primer viaje verdadero a la Luna- querer llegar a ella no me desentiende de mis convicciones y apuesta diarias por un mundo justo. Mientras tanto, me propongo disfrutar los atajos y desvíos que el camino me presenta, sobretodo porque nunca dejan de relacionarse con mis proyectos y porque sólo sirven para mejorarlos. Espero que no se confunda con carencia de visión, de andar por ahí decidiendo que hacer con mi vida o dónde establecerme porque esas cosas para mí están clarísimas y la verdad sólo a mi me importan; aún cuando preservo un lugar especial para mentores y mentoras sin los que no sería quien soy. Fuera de eso, déjame ser, conóceme y hasta disfrutemos la compañía, pero si tanto te gusta tu propia caja anda a pintarla, a ponerle rejas blancas y a colgarle cuadros, pero por favor no intentes meterme en ella. Puede que le suceda lo que aquella que trajo mi padre un día.

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Mil y una cosa que he aprendido en Brasil

El tiempo se acaba. Hoy me sentaba con mis colegas brasileños para compartir un “frango à passarinho”(chicharroncitos de pollo) y una porción de arroz. Intercambiábamos expresiones sobre una conferencia a la que acabábamos de asistir en conmemoración de los cien años de la Revolución Rusa. Con su buen humor y su impresionante cerebro para el registro de la historia y sus vericuetos, Netto nos narraba las lecciones de dicha revolución, una historia que si bien fue grandiosa, así de grandes fueron sus errores, una historia que hoy se honra por ser una hazaña de la humanidad con la cautela suficiente como para no reproducirla. Tertuliábamos cuando de repente, sin antesala, una especie de alegría y deleite, me arrebató la expresión. La colega frente a mi lo percibió, y antes de que me preguntara en qué andaba mi cabeza, decidí compartirles todas las reflexiones que cabían en esa sonrisa de fascinación que recogía un millar de reflexiones. Lo que dije debió sonar mas o menos así: “Para mi ha sido una experiencia tan importante como fascinante estar aquí. Ustedes, tal vez no tienen como percibirlo, pero su forma de hablar y entender el mundo dista mucho de lo que he aprendido hasta ahora. Me siento muy feliz con esa diversificación en mi aprendizaje. Las clases, las conversaciones, los textos a leer, han sido cosas muy innovadoras para mi. Para mi ha sido un reto lingüístico en dos direcciones, por un lado el portugués y por otro la gramática de su formación e ideología. He descubierto una fascinación por el estudio de lo social que me tiene bien cautivada. Claro que en la academia tuve acceso a algunas de las obras que aquí se leen desde mi bachillerato, como por ejemplo a Gramsci y Marx. Sin embargo, mi formación fue en geografía y cooperativismo; salvo raras excepciones -como Harvey- no tuve acceso a un conocimiento crítico en términos de una lectura materialista-histórica de la sociedad. No tomen esto de forma simple, claro que podría analizar fenómenos sociales a la saciedad, sin embargo cada investigación me dejaba con más preguntas que respuestas. Un buen proceso de investigación siempre las generaría, sin embargo, cuando repasaba el tipo de preguntas, percibía que había aspectos fundamentales que no me quedaban claros; aspectos filosóficos, políticos, subjetivos sobre la lectura de la realidad. En parte no me preocupaba mucho no tener esa experiencia en la academia, pues mediante el trabajo político tuve acceso a la filosofía de la praxis. En realidad, más que discutir en el vacío lo social, siempre he priorizado el debate al calor de mi contexto, “embarrándome las botas”. En ese sentido, la academia ha pasado a ser parte complementaria de mi formación, siendo el trabajo político mi espina dorsal. Claro que, en medio del activismo, comprometerse con la disciplina necesaria para la erudición, encuentra demasiada competencia. Tener un espacio de estudio profundo, de lectura, de marcar los libros, de hablar de eso constantemente, de participar, de errar, de volver al tema, como ha sido mi experiencia aquí en brasil este semestre, ha hecho que le tome un gusto especial al hábito de profundizar la realidad y las raíces de los problemas sociales. Este proceso no hubiera sido la mitad de llevadero sino sintiera una gran afinidad con el pensamiento marxista, que aquí confirmo como uno no homogéneo y hasta contrariado en sus diversas corrientes tanto teóricas como prácticas. Es definitivo que, independiente de lo que pase con la huelga recién decretada en la universidad, mi experiencia ya ha sido completa; practiqué el idioma, conocí el programa graduado en la UFRJ, tengo conmigo la literatura de todos los cursos, he participado en clases, he determinado la línea de mis futuros estudios, he creado el hábito y estoy documentando para mis colegas cómo es el mambo del Trabajo Social aquí. No dudo que tendré enormes desafíos a mi regreso, después de todo la forma de leer el mundo no es algo que se puede apartar de forma tan fácil como lo es quitarse un par de espejuelos, y qué bueno que así sea. Pronto regreso a Puerto Rico a hacer mi práctica y con certeza me toparé con escenarios en los que los análisis que aquí he aprendido a hacer serán desafiados. Por lo pronto me siento inquieta, tanto a nivel intelectual como de voluntad, y con que ese estado se sostenga en mi quehacer profesional no dejaré de caminar hacia las respuestas que me permitan entender cómo se ha construido el mundo y desde dónde podrían forjarse relaciones sociales contestatarias. Así que todo eso me llevo, colegas.” Ahora que lo pienso, sonaba a despedida y tal vez por eso me miraban con embeleso. Después de todo, no han sido pocos los intercambiamos que han caracterizado nuestros encuentros como tampoco lo que han conocido sobre mi Isla y sus realidad político, social, económica y cultural. Se ha forjado una camaradería especial, razón por la cual me atreví a compartirles mis impresiones, para que entendieran mi contexto, de dónde vienen mis silencios, mis participaciones y lo duro de poder expresarme muchas veces, ya no solo por el idioma sino por su gramática. Terminamos la comida y dividimos la cuenta. Cuatro amigos identificaban sus respectivos taxis. Si bien el barrio de Lapa estaba más apagado que de costumbre, una boricua regresaba a su hospedaje con el corazón más encendió que nunca. Esa boricua era yo

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Cosquilleo

Me espabilo en mi cama. Mis pies odian relajarse, no se acostumbran a que les frene tan drásticamente el ímpetu. Se vengan, una adrenalina me sube hasta la maquinita cerebral. Mis deseos se me revelan, los aviento a mis labios y de pronto a este blog. Ya que estamos de vacaciones, esta conversación es con misma. Que igual hay algunas cosillas que necesitamos arreglar ella y yo.

¿Cómo es que me haces esto? Si, eso. Manipularme como se te antoja. Ciertamente hay veces que lo pasamos de maravilla. Pero otras, marrayo palta. ¿Y ahora? Ahora resulta que tienes sed. Como no sea solo de agua, te asumiré insatisfecha porque esta que está aquí se tumba a dormir de inmediato.