Del cáncer y sus trincheras

A mis amigos y amigas que están batallando el cáncer y a todas esas personas especiales que les acompañan. He visto que una de las luchas más feroces se libra contra la “pena”, tanto de quien no la desea como de quien intenta por todos los medios evitar que el gesto sea concebido como eso, pena. Un mensaje para ambos.

A quien le irrita la pena:

Observa bien el gesto de quien ante ti actúa, descifra qué le mueve a estar ahí; si le lleva a tu lado la irremediable lástima o un sentimiento mucho más complejo que ha implicado reflexionar una diversidad de cosas vividas entre ambos que solo ahora, cuando no dan tu presencia por garantizada, no son más que estupideces. La persona ante ti probablemente sufra, pero no sólo por ti, sino por si misma. ¡A que no te esperabas esa! Que además de estar peleando con una amenaza tan grande en tu cuerpo, también tendrías que aprender a amar la sencillez de saberte acompañado por una persona imperfecta.

A quien no sabe cómo acercarse sin que se reduzca a sentir lástima:

Ofrece tu honestidad. Encuentra las palabras o las acciones que mejor demuestren que lo que es visto como pena, viene de un taco mucho mas profundo en tu garganta. Esa peliculita de vida a la que no paras de darle pa’ lante y pa’ tras, buscando cómo no sentir tanto dolor. ¡Tampoco te esperabas esa! Sentirte tan desvestida/o  en un cuerpo relativamente saludable. Probablemente asumas que no es momento de ser vulnerable, sobretodo cuando entiendes que a la otra persona le urge tu fortaleza. No te engañes, a estas alturas esa otra persona está más familiarizada con las contradicciones de la vida de lo que imaginas. Sin duda matará horas conociendo una versión más transparente de ti. 

En mis observaciones y conversaciones he visto que para ambos, por separado, hace total sentido lo que estoy expresando. Cada uno consigue manejárselas, sea para vestirse de majadería o de impuesta abnegación. Sin embargo, esquivan al conocimiento mutuo, las altas y bajas de cada una de sus trincheras. Y así pasan las horas y los días entre silencios incómodos, tratamientos insufriblemente largos y tediosos, tristezas y rebeldías a cuenta gotas.

Por más cansados que estén, sáquenle las garras a cada resignación silente. No hay porqué desperdiciar semejante circunstancia de aprendizaje juntos, si se atreven.

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