Una híbrida y una caja fueron al campo un día…

El recuerdo más reciente que tengo de mi fascinación por una caja, se remonta a dos momentos específicos en mi vida; el primero de ellos fue cuando tenía tal vez unos tres años y junto a mi hermano decidí hacer a un lado los juguetes convencionales para descuartizar aquella cajota que trajo mi padre de su trabajo. El segundo recuerdo se remonta a la huelga de la universidad de Puerto Rico en el 2010, cuando una caja fue la mejor forma de evitar que la computadora que estábamos usando para la transmisión radial al aire libre de Radio Huelga, no se friera con el el Sol. Sirvan estos mini cuentos para ejemplificar que mi relación con las cajas siempre ha sido de lejitos y fuera de ellas. Mi formación y las formas en las que decido vivir la vida, replican este proceso; de cerrada, cuadrada e inflexible, no ha tenido un pelo.

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Me encuentro repensando mi vida más de lo que quisiera muchas veces. Este proceso se detona cuando conozco personas que me preguntan por mi vida y no sé por dónde empezar. No se trata de que considere llevar una vida extravagante, aunque es de todo menos ordinaria o pasiva. Sino que siento tantas pasiones diversas e intereses, que intento seleccionar aquello que compartiré de forma que ambos podamos beneficiarnos de lo que podamos conocer en un espacio de tiempo breve; es el costo que tiene llevar una vida agitada. Detesto quienes me hablan de un millón de cosas, como también detesto hablar de un cúmulo de cosas sin sentido u objetivo. No. Prefiero maximizar cada conversación, profundizarla y no dejar de aprender nunca. Para eso, hay que saber y poder escuchar, lo que trae un balance a la participación que podemos tener en cada oportunidad para compartir experiencias. Por este motivo, digo lo que se pueda aunque con toda la intensidad del mundo. Tal vez por eso, un brasileño que conocí recientemente me dijo que yo era una mujer de esas que “mataba un león por día”. Supongo que lo que estaba detrás de su metáfora era un exceso de tiempo y de historias compartidas.

En realidad, aunque usualmente tengo muchas energías, disfruto mucho la calma. Es en esos momentos de paz donde disfruto planificar lo próximo, ponerme nuevas metas, reutilizar aprendizajes que he puesto en pausa, investigar nuevos ángulos, buscar nuevas oportunidades de aprendizaje o simplemente comerme un helado. Habiendo recorrido formalmente el campo de las comunicaciones, las artes gráficas, la administración de empresas, la contabilidad, el cooperativismo, la geografía, el género, lo político, el trabajo de base, la educación popular, el trabajo social y el mundo de las agencias de viajes, no son muchos los minutos en los que la mente reposa. Creo que nunca pensé que sólo sería una cosa en la vida, circunscrita al ideal de alguien, mono-temática, inflexible, monolingüe, estática. Disfruto la calma precisamente porque tengo una gran dosis de actividad que me impide lo contrario. Aborrezco cuando me preguntan si pienso parar alguna día, ni que fuera un tren con estaciones marcadas, “próxima parada: Tu voluntad”. No. No tengo que parar, nadie nació para tener que hacerlo aunque puede hacerlo quien se lo proponga; en lo que a mi respecta no preveo dejar de tener esa sed, esa alegría con la vida, esa disposición para luchar, ese entusiasmo con crecer, esa pasión por contar con más y mejores destrezas o esas ganas de que el mundo me siga hablando desde distintas latitudes.

Agradecería tampoco se me asocie con la figura de una peregrina con una misión sobrenatural o extra-terrenal en la vida. Es la forma menos hiriente en la que puedo decirlo, sólo porque me gusta cuidar de los sentimientos de l@s demás. Sí, hay un mundo en mi cabeza por el que sólo podemos trabajar y disfrutar en ESTA Tierra. Y aunque mi papá reconozca que no me puedo estar quieta- y que de seguro estaré en el primer viaje verdadero a la Luna- querer llegar a ella no me desentiende de mis convicciones y apuesta diarias por un mundo justo. Mientras tanto, me propongo disfrutar los atajos y desvíos que el camino me presenta, sobretodo porque nunca dejan de relacionarse con mis proyectos y porque sólo sirven para mejorarlos. Espero que no se confunda con carencia de visión, de andar por ahí decidiendo que hacer con mi vida o dónde establecerme porque esas cosas para mí están clarísimas y la verdad sólo a mi me importan; aún cuando preservo un lugar especial para mentores y mentoras sin los que no sería quien soy. Fuera de eso, déjame ser, conóceme y hasta disfrutemos la compañía, pero si tanto te gusta tu propia caja anda a pintarla, a ponerle rejas blancas y a colgarle cuadros, pero por favor no intentes meterme en ella. Puede que le suceda lo que aquella que trajo mi padre un día.

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