Mil y una cosa que he aprendido en Brasil

El tiempo se acaba. Hoy me sentaba con mis colegas brasileños para compartir un “frango à passarinho”(chicharroncitos de pollo) y una porción de arroz. Intercambiábamos expresiones sobre una conferencia a la que acabábamos de asistir en conmemoración de los cien años de la Revolución Rusa. Con su buen humor y su impresionante cerebro para el registro de la historia y sus vericuetos, Netto nos narraba las lecciones de dicha revolución, una historia que si bien fue grandiosa, así de grandes fueron sus errores, una historia que hoy se honra por ser una hazaña de la humanidad con la cautela suficiente como para no reproducirla. Tertuliábamos cuando de repente, sin antesala, una especie de alegría y deleite, me arrebató la expresión. La colega frente a mi lo percibió, y antes de que me preguntara en qué andaba mi cabeza, decidí compartirles todas las reflexiones que cabían en esa sonrisa de fascinación que recogía un millar de reflexiones. Lo que dije debió sonar mas o menos así: “Para mi ha sido una experiencia tan importante como fascinante estar aquí. Ustedes, tal vez no tienen como percibirlo, pero su forma de hablar y entender el mundo dista mucho de lo que he aprendido hasta ahora. Me siento muy feliz con esa diversificación en mi aprendizaje. Las clases, las conversaciones, los textos a leer, han sido cosas muy innovadoras para mi. Para mi ha sido un reto lingüístico en dos direcciones, por un lado el portugués y por otro la gramática de su formación e ideología. He descubierto una fascinación por el estudio de lo social que me tiene bien cautivada. Claro que en la academia tuve acceso a algunas de las obras que aquí se leen desde mi bachillerato, como por ejemplo a Gramsci y Marx. Sin embargo, mi formación fue en geografía y cooperativismo; salvo raras excepciones -como Harvey- no tuve acceso a un conocimiento crítico en términos de una lectura materialista-histórica de la sociedad. No tomen esto de forma simple, claro que podría analizar fenómenos sociales a la saciedad, sin embargo cada investigación me dejaba con más preguntas que respuestas. Un buen proceso de investigación siempre las generaría, sin embargo, cuando repasaba el tipo de preguntas, percibía que había aspectos fundamentales que no me quedaban claros; aspectos filosóficos, políticos, subjetivos sobre la lectura de la realidad. En parte no me preocupaba mucho no tener esa experiencia en la academia, pues mediante el trabajo político tuve acceso a la filosofía de la praxis. En realidad, más que discutir en el vacío lo social, siempre he priorizado el debate al calor de mi contexto, “embarrándome las botas”. En ese sentido, la academia ha pasado a ser parte complementaria de mi formación, siendo el trabajo político mi espina dorsal. Claro que, en medio del activismo, comprometerse con la disciplina necesaria para la erudición, encuentra demasiada competencia. Tener un espacio de estudio profundo, de lectura, de marcar los libros, de hablar de eso constantemente, de participar, de errar, de volver al tema, como ha sido mi experiencia aquí en brasil este semestre, ha hecho que le tome un gusto especial al hábito de profundizar la realidad y las raíces de los problemas sociales. Este proceso no hubiera sido la mitad de llevadero sino sintiera una gran afinidad con el pensamiento marxista, que aquí confirmo como uno no homogéneo y hasta contrariado en sus diversas corrientes tanto teóricas como prácticas. Es definitivo que, independiente de lo que pase con la huelga recién decretada en la universidad, mi experiencia ya ha sido completa; practiqué el idioma, conocí el programa graduado en la UFRJ, tengo conmigo la literatura de todos los cursos, he participado en clases, he determinado la línea de mis futuros estudios, he creado el hábito y estoy documentando para mis colegas cómo es el mambo del Trabajo Social aquí. No dudo que tendré enormes desafíos a mi regreso, después de todo la forma de leer el mundo no es algo que se puede apartar de forma tan fácil como lo es quitarse un par de espejuelos, y qué bueno que así sea. Pronto regreso a Puerto Rico a hacer mi práctica y con certeza me toparé con escenarios en los que los análisis que aquí he aprendido a hacer serán desafiados. Por lo pronto me siento inquieta, tanto a nivel intelectual como de voluntad, y con que ese estado se sostenga en mi quehacer profesional no dejaré de caminar hacia las respuestas que me permitan entender cómo se ha construido el mundo y desde dónde podrían forjarse relaciones sociales contestatarias. Así que todo eso me llevo, colegas.” Ahora que lo pienso, sonaba a despedida y tal vez por eso me miraban con embeleso. Después de todo, no han sido pocos los intercambiamos que han caracterizado nuestros encuentros como tampoco lo que han conocido sobre mi Isla y sus realidad político, social, económica y cultural. Se ha forjado una camaradería especial, razón por la cual me atreví a compartirles mis impresiones, para que entendieran mi contexto, de dónde vienen mis silencios, mis participaciones y lo duro de poder expresarme muchas veces, ya no solo por el idioma sino por su gramática. Terminamos la comida y dividimos la cuenta. Cuatro amigos identificaban sus respectivos taxis. Si bien el barrio de Lapa estaba más apagado que de costumbre, una boricua regresaba a su hospedaje con el corazón más encendió que nunca. Esa boricua era yo

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