Azares

En un mundo en que las causalidades alardean de complacer a la razón, es inconcebible dejarse seducir por la casualidad. Es inconcebible -lo reitera mi testaruda conciencia- pero que tire la primera piedra quien no se haya dejado fascinar por un mago o por alguna película de algún famoso ilusionista.

Digamos que me fascina la ciencia, y también todo lo que la ciencia evade. Me apasiona entender el materialismo histórico de la misma manera que considerar la existencia de las sirenas. Quien me conoce sabe que no vacilo en lo segundo, me entretiene lo inconcebible: el zopetón de una sorpresa, el arrebato de un ser que intenta repensar(se) -en un aula, con un libro, sobre una cama-, la trascendencia humana y su infinita gama de posibilidades. Aún no sé porqué todo ello me es más nítido cuando estoy enamorada. Más específica aún, cuando estoy enamorada de ella.

Me lo trastoca todo. No son pocas las veces en que quiero impregnar mi cuaderno con cada ocurrencia que tenemos. En la intermitencia de nuestra cotidianidad nos desfilan soberbiamente los temas menos conciliadores: la razón, la pasión, la sexualidad, la política, la religión, la cultura, la física… La vida nos es cebolla. Todo cuanto compone el cascarón en el que vivimos, se torna desmoronable. Y sólo entonces, nos sentamos, a montar el castillito nuevamente… a jugar con lo edificable y a burlarnos eternamente de lo que jamás asumimos dado.

Anhelaba ansiosamente vivir este proceso. Quienes ven la magia en mi rostro, aducen al azar habérmela puesto en el camino. Lamentaría mucho defraudarles narrándole el día en que le puse mis ojos y la decisión fue tomada. Quebraría el halo de misticismo que sustenta el regocijo de quienes se han encontrado en la vida. Todos mis sentidos están a gusto, pero no están estables. Todos mis sentidos vibran juntos, pero no dan tregua ante un pentagrama musical. Me es coherente a la existencia, amarla en su “infinita variedad femenina”.

Pensará que ha anclado, que hemos anclado. Así lo insistirá nuestra conciencia y su cuadrada-monotemática- forma de ser. Digo que somos meteoritos erotizados en ciclos lunares. Desde afuera nos percibimos concentradas e inamovibles,  pero adentro -bien adentro- sabemos que aún en sintonía, nos movemos sin parar y por doquier. Me es difícil verbalizarlo, pero ahí radica nuestra trascendencia. Para explicar esto, me queda corto el azar y extravagante cualquier motor. Funciona, es todo. Funciona que jamás se consuma. Funciona que no sea excluyente. Funciona que sea permeable. Funciona que sea recíproco. Ese delicado entendimiento, que todos los días logra ser amor.

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3 comentarios en “Azares

  1. Roxanna Ruiz dijo:

    Kamil, querida, se cuela el amor por cada espacio que encuentra en tus palabras. Siempre me gusta leerte y a cada uno de tus sentimientos, pero es notable la diferencia y la soltura de éste q vives en la actualidad. Un abrazo

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