Oda a lo Aleatorio

Yo incapaz me concebía, de hacer jumping jacks con el corazón. Fue así como un suerito de parcha pa’ la presión. Bajaba lentito mientras se acondicionaba el alma. Sabía suavecito como ese acorde de guitarra que tensa la cuerda sin acabar de emitir sonido. Olía a trópico, sí, capaz de sacudir todas las latitudes. Verlo era todo un chiste, desde adentro o desde afuera. Te digo, es como cuando te aborreces en un subibaja, odias cojer el impulso pero que rico se siente la nota en high. Igualito a pedalear eufóricamente sólo pa’ que las orejitas se arrebaten con el aire. Y me monto en el carro, y todos los sentidos se pasean, el tacto llega al celular y la banda ancha a tu dirección. Sí. Así, como un pajarito mensajero, hace el mandado y regresa lelo y colorao. Como el ascensor ese que subes a diario, va despacio, caluroso, se mueve a pasos agigantados y luego te premia con la delirante perspectiva del consabido piso. Intento escaparme, halarme las greñas, hacerme un llamado. Pero los pensamientos tartamudean igual. Y ese bendito pecho, que sirve pa’ inflarlo pero no pa’ tanto, que si no se me extriñe la existencia y llego a tu puerta hecha un desastre.

Decir que te pienso en las noches es arrebatarle al resto de las horas del día el orgullo que sienten de ser monotemáticas, tú, tú, tú. Si tan sólo tu nombre fuera un chispito más largo, no sé digamos cuatro o cinco sílabas, no se me hiciera tan ridículamente fácil pronunciarlo tan a menudo. O si fuera feo por lo menos, pero ni eso. Maldita la hora en que alguien aseguró que las pieles se bautizan con escencias primorosas, que no hago más que pensar a qué olerá la mía teniéndote así cerca. Hubiera preferido mil veces violarme la garganta comiendo zucaritas, antes que realizar las ortodoxias de mis afectos. Porque es que te digo una cosa, el entendimiento inunda con luz y darme cuenta de mis cuicas ha sido como un testarudo imán hacia la verdad y un infalible repelente a los rodeos. Entonces, ¿qué hice? Traté de acostarme. Los perretudos sentidos se quisieron ir de gira. Este escrito es como ese journal de campo de mis aulas de geografía. Al leerlo accediste al corazón, al alma, a mi audición, mis latitudes, cerros, intenciones, capas, arrebatos, pensamientos, asfixias, desvelos, horas. También a mi escencia, mi garaganta, mis afectos, artimañas y a mi pecado original de intentar dormir. Futíl intento de anestesiarme con una siesta, porque parece que la escuelita y sus 25 preescolares no me han enseñado nada.

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