Los Amantes

Hay amantes que se llegan a conocer por el boleto aéreo que recibimos de sus palabras. Hay otros que saboreamos dado el dulce cianuro de sus circunstancias. Existen también quienes nos embrujan desde el misticismo de sus enredadas ideologías. O si prefieren también están aquellos que nos relajan con la increible ternura que recibimos de sus intenciones. ¿Cómo olvidarnos de aquellos que nos seducen con la incesante inestabilidad de su amor?

Es cierto. Existen todos estos amantes, y muchos más que aún no conozco.

Pero hay amantes, amor, que llegamos a conocer por el íntimo secreto de su silencio. No hablo aquí de ezquizofrenias verbales, de querer oír cuanto no han dicho. No. Hablo de las pausas adecuadas en los momentos correctos, del oido que complementa este acto y de la gran consideración que permea entre ambos.

Me gusta tu frecuencia, es todo. Y quería que supieras cómo se llega a conocerte.

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