¿Con qué se come la Horizontalidad?

Actualmente practico mi activismo y militancia política en La Nueva Escuela. Se trata de un colectivo, cuya estructura es autodiagnosticada como horizontal.

Resulta que me encanta cuestionarme los valores que epitetamos y aceptamos como dados, como obvios al entendimiento. La sábana nos arropa un poco de crítica por aquí y otro poquito por allá. Así que en animos de mantener el cuestionamiento a la realidad corriendo, traigo una propuesta: Cuestionemos lo que entendemos por Horizontalidad.

La raiz de esta inquietud deviene de nuestra reciente participación en múltiples instancias a las que nos integramos y en las que colaboraboramos. ¿Con qué se come la horizontalidad?

El diagnóstico del cirujano general (Wikipedia) apunta a que se trata de una forma de trabajo en la que l@s miembr@s de un grupo de trabajo, instancia o institución participan y asumen una voz equitativa con el resto del grupo. Cuando la horizontalidad comienza a rodar su función tod@s l@s presentes sienten un breve corrientazo. Much@s lo expresan de múltiples maneras, pero el resultado se siente en el momento en que intervienen como sujet@s históricos dispuest@s a asumir la voz que en otros espacios les es negada. Por esa voz entiendo la comunicación verbal, no verbal o la asistencia a actividades convocadas. Por esos otros espacios me refiero a organizaciones o instituciones con estructuras jerárquicas, representativas, autocráticas, timocráticas, en fin, poco participativas. En conclusión si se celebra una reunión o actividad hay horizontalidad cuando quienes asisten asumen su voz, participan y permiten que otr@s asuman la suya.

No obstante, en este escenario tambíen ocurren problemas técnicos. De momento hay quienes hablan más que otr@s, quienes coartan el que otros hablen, quienes asumen responsabilidades y quienes no, quienes asumen cuotas de poder legitimadas colectivamente según se adora el conocimiento que dich@s miembr@s poseen y por ende la autoridad, quienes persisten asistiendo y a quienes vemos menos cada vez, quienes padecen de reunionitis y sólo se les convoca a tareas específicas o actividades coyunturales, quienes asumen la planificación estratégica y quienes esperan por el plan, quienes redactan el boletin y quienes simplemente lo pasquinan, quienes nos representan en otros espacios eternamente, quienes están bien activaos(ás) y a quienes si no se les llama ni al caso, quienes apoyan la realización de actividades, se comprometen y después no están, quienes asumen diversos niveles de compromiso y quienes asumen todos esos niveles en múltiples organizaciones.

La cereza en la Piña Colada político-organizativa es que de momento nos vienen mil cuestionamientos: ¿qué hacemos con tanta vaina?, ¿cómo allegamos a más gente?, ¿cómo reforzamos el compromiso?, ¿cómo dividirnos mejor el trabajo?, ¿cómo le pasamos la mano a quien no cumplió pero no queremos que se vaya? (después de todo esto es voluntario), ¿cómo creamos sentido de pertenencia?, ¿cómo rompemos el control que algun@s asumen?, ¿cómo planificamos colectivamente?, ¿cómo autoobservarnos y autocriticarnos? y un largo etcétera de intenciones y posibles marcos de acción.

¿Y qué propongo entonces? Vamo’ allá. Creo que esta vaina hay que manejarla mejor. Me refiero a colectiva, participativa, activa, crítica, equitativa y horizontalmente. Pero cuando traigo la horizontalidad hablo de que trascienda el espacio de nuestras reuniones y que prácticamente logré materializarse en la división de tareas de forma equitativa. No podemos asumir compromisos sin saber qué rol tendrá cada quien. Cada quien, en aras del compromiso, de motivar a más personas, de descentralizar las tareas, de crear sentido de pertenencia, de planificar horizontalmente, y otro largo etcétera, debe asumir tareas. Algun@s tendrán destrezas más desarrolladas, otr@s conocimientos que permitarán mayor agilidad, otr@s mejor capacidad para representarnos y otr@s mejor orientación estratégica y táctica.

No obstante si automáticamente respondemos al conociemiento avanzado al repartir tareas, much@s perderemos la oportunidad de forjarnos en la práctica, y los mism@s de siempre harán lo que colectivamente se consensa les toca. Además que partiríamos de la premisa de que el conocimiento es acabado y especializado, a lo fábrica en la que nos desprogramamos si salismos de las zonas de comodidad. ¿No abogamos nosotr@s por cuestionar y transformar la cotidianidad?

A ningun@ de nosotros nos toca otra cosa que no sea luchar si así lo creemos, y hacer que cada vez seamos más quienes asumamos esa voz y particpación en nuestra realidad social. Pero si no nos cuestionamos el cómo de la praxis y sólo apuntamos a que los reclamos que tenemos lleguen y veamos algunos resultados entonces no nos distanciaremos, realmente, de aquellos otros espacios en los que un@s mandan y otr@s siguen, un@s leen y otr@s escuchan, un@s hacen y otr@s disfrutan, un@s madrugan y otros marmotean, un@s están bien activaos(ás) pero a la larga se quedan sol@s.

Una invitación: Comamos horizontalidad pero no nos indigestemos en la práctica. Si apestamos luego repelemos gente.

Un dulce freiriano: “Nadie libera a nadie y nadie se libera solo [a]”

Bienvenidos los intercambios sobre ésto.

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