Mi noción de Ciudadanía

Del recorrido que hiciera Raúl Leis (2010) a través de las diversas formas de ciudadanía, haría mía aquella que es transformadora. En mi trabajo y en mi vida apuesto a una noción de ciudanía que articula un pensar, un decir y un hacer. Las y los ciudadanos tienen el potencial para desarrollarse continuamente y comprometerse con su vida, su contexto y su capacidad de transformarlo en tanto piense, participe y actúe.

   Aquellos y aquellas que piensen y digan, pero no actúen sólo promueven una ciudadanía pasiva y formal. En ella sólo son evidencian la realidad desde las gradas sin asumir su capacidad de intervención. Razonan y opinan sobre el favorecimiento de los mundos que se les presentan pero no trabajan la creación de alter mundos desde su herramientas racionales, emotivas, éticas.

    Aquellos y aquellas que  asuman una ciudanía en la que se diga y se haga, pero no se piense críticamente sólo asumirían una especie de ciudadanía mecánica y asistida. Vestidos y vestidas de esta noción las y los seres humanos sólo promocionarán y trabajarán por el desarrollo funcional de lo inmediato. Trabajarán ejecutando y poniendo parches públicos a lo que les es impuesto como civiles sin deconstruirlo críticamente o generando planes de acción sin una visión a largo plazo.

   Por otro lado quienes piensen y hagan, pero no digan, comuniquen o construyan más herramientas a través del diálogo promoverán sólo su desarrollo individual evitando así la transformación social de forma colectiva. Esto nos llevaría a promover ciudadanías marginales en las que pretendamos representar a personas que aún no han reconocido el poder al que se deben y que poseen. Reproduciríamos el orden social de imposición vigente.

   Estas consideraciones me llevan a incorporar como ciudadana y educadora popular una noción de trabajo sustentada en el reconocimiento de las  comunidades, los y las seres que acompaño como entes transformadores capaces de forjarse una voz, una acción y una reflexión de su propio devenir, actualidad y desarrollo.

   En Puerto Rico, siéndonos impuesta una ciudadanía extranjera (estadounidense) que nos identifica en el mundo sin una estima propia, apuesto por continuar estimulando un proceso de apoderamiento y participación para forjarnos un sentir nacional y una identidad cultural que sirva de resistencia a las imposiciones coloniales, y globales, y la creación de otro Puerto Rico en el que sus habitantes forjen una noción de ciudadanía propia, que orqueste los intereses de las bases, que se polarice ante los procesos de exclusión y marginación  múltiples y que se solidarice con otras ciudanías que promuevan la emancipación y transformación en el Caribe, América Latina y el mundo.

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