Otro espacio para Iván

Desde mi ventana

Era de madrugada, no puedo precisar la hora, pero era muy tarde. Fui despertado por los ladridos indignados de mi perro. Un perro… que es un desastre como guardia de seguridad, porque poco le importa lo que ocurra en el vecindario, pero que en esta ocasión ladraba con coraje, molestosamente, repetitivamente.

De fondo se escuchaban gritos de personas, como de una muchedumbre airada… bueno… por lo menos así sonaban en esta calle oscura de Toa Alta.

Me levanté y fui a mirar por la ventana en dirección al ruido. Alrededor de dos docenas de mozalbetes se estaban gritando unos a los otros en medio de la calle. La disputa consistía en una discrepancia de… !!!un dólar!!! en un aparente cuadre de libros de contabilidad en el punto de drogas que opera en mi vecindario.

Aparentemente, pude inferir, había dos bandos delimitados que esgrimían sus argumentos con palabras soeces: ¡¡pen%#@&!! ¡¡Cab^$%#@!! y ¡¡Huelebi#$%**!!!… jeje… esa última es nueva en su vocabulario.

Una facción opinaba que faltaba un dólar en los cuadres de caja, otros por el contrario, insistían en que no había tal diferencia financiera.

Entonces, se propuso en voz alta, entre gritos, que resolvieran el conflicto “a los puños”.

Se presentaron opiniones en discrepancia alegando los escasos pacifistas que por un dólar no valía la pena pelear, pero esas opiniones fueron rápidamente descartadas ante el exceso de testosterona en el ambiente.

Segundos después, con mi mirada atónita por la ventana semicerrada de mi casa, dos combatientes, se quitaban sus camisas para liarse a golpes en un “duelo”.

Imaginen la escena: poco más de 25 jóvenes, varones todos, haciendo un semicírculo, y dos de ellos, descamisados en medio de la calle con el ensordecedor ruido de los gritos y de todos los perros ladrando (ya no era solo el mío) listos para pelear al puño.

Yo tengo poco de tonto… a pesar de que estaba en un palco privilegiado desde mi ventana, observé las manos de todos en busca de armas de fuego o cuchillas… y ninguno tenía nada.

No hubo campana, ni arbitro, ni guantes, ni ayudantes, ni cuadrilátero ensogado. Solo el retumbar de los puños en los rostros de ambos jóvenes que se agredían con fuerza implacable.

Nadie osó inmiscuirse, una y otra vez se repetía la frase: No se metan, déjenlos pelear.

Y como fieras se golpeaban uno al otro.

Entonces vino una izquierda violenta del púgil #1 al #2 y éste visiblemente lastimado cayó al suelo aturdido y atolondrado.

El que tuvo tal éxito empezó a patear en el abdomen al caído provocando la ira de los presentes. En ese submundo del lumpen el triunfo no da derecho a ser canalla.

Y súbitamente todos se volvieron pacifistas y agarraron a ambos peleadores y se los llevaron a lugares muy separados el uno del otro.

Tere estaba indignada y molesta y me dijo: ¡Presentao… salte de ahí que te van a pegar un tiro! Minutos después, me retiré a continuar mi sueño interrumpido, reflexionando que desde que el mundo es mundo estos eventos pasan en todas partes. La única notable diferencia es que en el año 2010 en Toa Alta ocurre por la falta de un dólar.

Como es de esperarse… jeje… la Policía vino preguntando por una pelea en la calle varias horas después… jeje…
Un abrazo de un tal Iván

Esta nota fue publicada en Facebook: Por mi amigo Iván Sánchez el 30 de octubre de 2010

Iván Sánchez: Amigo, Independentista y escritor.

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