“Happy Hour” soberano

Resulta que me invitaron una presentación del Instituto Soberanista Puertorriqueño en un local en la placita Roosevelt. El hecho de que la actividad fuera en una barra/fonda tuvo sus implicaciones, señalables sólo al final de esta embriagante entrada.

Les confieso que llegar a la presentación fue casi como la ‘crónica de una muerte anunciada’. Reconozco que la pospuse tanto cuanto pude y hasta me engañaba pensando que fisgoneando en la página del Insituto y leyendo críticas a la “Soberanía en Power Point”  me blindaría de argumentos que impidieran tener que vivirlo y aborrecerlo hasta desestabilizar mi ya atrofiada paz social. Enfatizo: Tuve que vivirlo y establecí un nuevo parámetro a lo absurdo. No tenemos idea de cuán lejos nos puede llevar la tolerancia.

“Slide” por “slide”.

Angel Collado Shwartz, moderador del “Power Point”, comenzó presentado estadísticas que hacen la realidad social puertorriqueña un CAOS; masacres, violencia, mala educación, narcotráfico, crisis económica etc. Las mismas eran de 1985 y servían de base para señalar que el problema no era uno de Administraciones de turno. “El problema no es quien gobierna o guía el carro. El problema es el carro”. Estoy de acuerdo con él. Esos son algunos de los problemas y el problema es el carro.

“La Soberanía no es un status político. La soberanía es el derecho a la organización política sin intervención extranjera”. Eh, todavía mantengo sintonía.  Collado planteaba que Puerto Rico no es soberano porque su soberanía reside en Estados Unidos según lo indican las cláusulas territoriales del Congreso de EEUU, quien posee el poder plenario al respecto. “Eso es así desde la Guerra Hispanoamerica.”

¿Qué vino primero?

¡Que raro! Yo aprendí a pensar que ésto es así desde que nos invadieron en el 1898. De momento el que haya mencionado la raíz de forma tan superficial implica no reconer el caracter escencial de la claúsula; la expropiación de nuestra Isla y el andamiaje colonial tras la invasión. Comencé a forcejear con mi conciencia. Lo sentí como si me estuvieran cantando las sirenas.  Me mantuve, había que seguir escuchando.

El gran desafío surgió a partir de la escición que hizo entre la Independencia y la Soberanía. “No son la misma cosa ni se las debe asociar como iguales”-decía.  Desde aquí comenzó el suicidio de la segunda. “La independencia es una opción política ‘dentro’ de la soberanía. La soberalanía es (nuevamente) el derecho a la organización política sin la intervención extranjera y dentro de ella se escoge entre la Independencia y la Libre Asociación”. Pauso, rebobino, adelanto. Yo pensé que el debate sobre qué venía primero, si el huevo o la gallina ya había sido superado. Me equivoqué. Uno puede plantearse ser soberano y luego vivir en una independencia.

Libre(s) Asociacion (es)

La paciencia me coloniza. Debo seguir escuchando. Según Collado en la Claúsula territorial se puede vivir bajo varias realidades o estatus políticos: Estado Libre Asociado, Territorio o Colonia. “En cambio en la Soberanía podríamos escoger entre Libre Asociación o Independencia”.   Aclarado el punto.   El Instituto piensa que hay una diferecnia entre una “Libre Asociación” y el Estado Libre Asociado”. También piensa que para poder vivir una Independencia hay que ser soberanos primero. Hago énfasis en el podríamos. Lo hago porque aún cosquistada la soberanía inteletual o por lo menos ya propuesto por los y las defensores de la patria un pensamiento desafiante, en el sentido de lo ‘menos’ colonial posible, fueron sus cuerpos quienes sintieron las consecuencias de dichos desafíos. En fin que nadie puede ‘colonizadamente’ proponerse una soberanía sin apuntar a redefinir el estatus político que determina o condiciona su cotidianidad.

La soberanía surge cuando hay la capacidad de poder decidir e insertar proyectos de país distintos y de asumir la responsabilidad por los mismos, no de imaginarnos soberano@s y de encaminarnos a construir un país ‘distinto’ sobre esa arena movediza. Y titubeo en lo ‘distinto’ porque según el orador, su apuesta es por una soberanía que defina una libre asociación. Una ‘soberanía’ que no pretenda deslindarse de Estados Unidos, todo lo contrario, sino que sea “Pro-americana”.

Resulta curioso el que al hablar de las soberanías exitosas, según un libro que él mismo escribió, Collado menciona como las mismas podrían ser ejemplos a seguir. Curioso porque reconoció, no obstante, que éstas han sentido el impacto de la crisis económica mundial según ha sido sus estrechez con Estados Unidos. Entonces, ¿porqué plantear un pro-americanismo?. Créanme que aún teniendo un mar de preguntas, no dejé esta contradicción realenga y asumí un turno para cuestionarle. Contestó: Claro, Yo no plantearía que fuera una postura anti-americana, de la misma manera que no la plantearía anti-china o europea. Rebobino: “Yo no plantearía”. ¿Es su presentación personal, lo secunda el Instituto? Fue un no se que o que se yo, que me dijo que las posturas no estaban claras o que la diferencia entre los ya militantes del Instituto era una especie de Arca de Noé. “Caben todos* y tú también”

*homo-sapiens: popular, estadoista e indepedentistas y homo-ludens: melones, kiwis, estadistas socialistas, sociolistos e independentistas lubricados.

Dale “Enter”

Su soberanía se sostiene o delimita (pues la demagogia no podía faltar) en la justicia social, el desarrollo y la calidad de vida. Ninguno de estos conceptos (fundamentales a su exitencia) se definió porque se asumió que tod@s entendíamos lo que eso era.  La soberanía por él planteada beneficiaría respecto a: Leyes marítimas, transportación aérea, medicina barata, comercialización global, manejo nacional de medios masivos, tratados culturales y sociales, aduana, control financiero. control de armas y drogas. Haciendo un ejercicio destapo que: hay territorios estadounidenses sin leyes marítimas federales o de cabotaje que siguen subordinados a EEUU, el poder hacer comercialización global no necesariamente redunda en la justicia social pues podemos imitar a grandes países “desarrollados” y ser igual o peores explotadores de aquellos que clasifican como “subdesarollados”, el control de la aduana no se debiera limitar, según él, a ver quién entra y quién sale, y convertirnos en perros aduaneros xenofóbicos. “El problema de desemplo se debe a que la mano de obra extranjera abarrota los empleos”-abundaba.  Evidentemente oculta cómo las empresas, inclinadas a la eficiencia (mayor rendimiento, menor costo o vale decir mayor usura, menor explicación) estimulan la contratación de, por ejmplo, dominicanas y dominicanos, por encima de l@s nativos. Y un largo etcétera.

Tratar de sintetizar lo que allí de discutió es por si mismo quitarle significancia a su abosurdo protagonismo y por eso me doy el lujo de costear los detalles. En todo momento esquiva cómo el colonialismo y el capitalismo han sido impulsados y sostenidos y cómo el problema no es sólo de voluntades. Aportaba Silverio Pérez al final de la presentación que: “Nosotros estamos consientes del problema, pero no nos limitamos a quedarnos callados, asumimos una dirección” Y yo pienso, Silverio, que cuando se asume hay que hacerlo críticamente sin distorsionar aún más nuestra realidad. Yo sería la primera de acuerdo en dirigirme hacia un cambio pero me movería con mi verdad en frente, no con un disfraz alusivo a nuestra ya jodida situación: una presentación que apunta a reclutar electores a un partido o candidatos electorales, una presentación que recluta “populares soberanista” e independentistas con nuevas estrategias de ‘marketing’, una presentación que obvia los movimientos sociales que han apuntado a redefinir su participación en vías a la definición de un estatus político, una presentación que promueve el pensamiento de que los puertorriqueños son unos mantenidos y obvia el sistema que articula ese estilo de vida en su beneficio, una que presentación que plantea que el ELA nos sirvió por muchos años cuando lo que hizo fue esclavizarnos aún más y por último una presentación que reconociendo la educación como un campo vital, la pospone hasta la elección de los mal llamados soberanistas.

“Estamos aquí porque vemos como únicas alternativas el aparato electoral o las armas y como no preferimos las armas asumimos lo otro*”-finalizaba.

*Ya en éste momento se habían consumido cuatro turnos, incluyendo una de sus propias contestaciones, que planteaban la educación como una vía.

Al irme, la discusión aún seguía. Estaba quien esperaba respuestas sobre cómo convencer a los mantenidos, quien entendía como independentista, no de partido, que las elecciones no eran el espacio para un proyecto de país distinto, quien dudaba de que esta Isla fuera una colonia, quien entendía que el mal era la soberanía y que había que construirla y quienes en fin, empacaban para llevar la presentación a otro espacio, menos embriagante y más receptivo.

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